el manjar del sexo
No pondré en duda que comerse un coño es el mejor de los manjares sexuales. (Lo de las sandías... según gustos). La comparación que establece el film al asimilar la comida con el sexo, el sexo como sustituto del agua, no deja indiferente a nadie. La escena inicial en que el protagonista se folla una sandía colocada entre las piernas de su partener mientras ésta gime de placer resulta excitante a pesar del surrealismo de la situación. Pero eso no es todo. Porque si consigue mostrar de la manera más obscena el acto de comer sandía, lo que si que supera límites es la escena final. En plena escena necrofílica por necesidad, con la viva representación del voyeurismo a través de las rejas de una ventana ante la estupefació de lo inimaginable, la película da al espectador lo que esperaba desde el principìo.
Vamos por partes. Todo cine que se precie acaba convirtiéndose en una reflexión sobre el propio medio (sobre el arte de filmar). Y sobre quien lo mira, los espectadores. Espías de vidas ajenas. Es por eso que, aunque algunas películas nos gusten, ya sea por el tema, los actores, lo que sea, no podemos decir que sean obras maestras (cuánto cuesta decir algo así!!) y creernos realistas. Sí, lo pasé bien con aquella película, me réí, lloré... y es bueno, muy bueno! El cine ansía emocionar al espectador. Si lo consigue puede darse por satisfecho a mucha honra. Pero pasar un buen rato no equivale a ser una obra maestra.
Al contrario. Hay películas duras, difíciles, que te vuelven loco mientras las ves, que remueven algo en ti que quizás no querías. Y en el momento no las aprecias. Pero algo queda de todas ellas en tu interior. Algo pequeño que hace que lo compares con las cosas más grandes.
Por eso no podemos pasar por alto este film. Algo tiene: nunca volveremos a mirar el sexo con losmismos ojos. No el porno, que evidentemente lo hay de mucho más explícito. El sexo y su mostración, el ansia, la desesperación. Aquello que hace del sexo una necesidad física asimilable a otras.
Por eso y porque demuestra, una vez más, que poco conocemos a la gente que nos rodea. ¿Qué hacen cuando no los vemos? ¿A qué se dedican? Nadie conoce a nadie, es cierto. Pero tampoco nadie nos conoce a nosotro/as...
